domingo, 30 de octubre de 2016

Las aventuras sin libros.

¡Buenos días radioactivos! Llevo dos semanas desaparecida, pero ha valido la pena. He pasado 10 días viajando a Madrid y a Portugal y ha sido increíble. Como hace unos meses decidí que quería seguir manteniendo el blog pero que no me llenaba ya hablar solo de libros, aquí os traigo la pequeña aventura que fue estar sin wifi en Portugal hahahaha. 


El primer problema que tuvimos es que nos dejaron sin piso en Madrid (amigos para esto...) y a un día y con las maletas hechas no teníamos donde dormir, así que un buen amigo nos dejó el tiempo que quisiésemos dormir en su sofá y yo creo que lloré de la felicidad. 

Madrid fue increíble, tuve que hacer todo lo que hace la gente normal en un mes durante tres días y medio: me reencontré con mis amigos, nos emborrachamos, salimos de fiesta, tuve una cita (o sea, no se si es real aún esto, pero yo que soy antiamor fui por la calle de la mano, terrible. Menos mal que ya he vuelto a casa y mi yo antiamor se ha vuelto a apoderar de mi) y visitar mil cosas lo más rápido que pudimos. A todas estas, como no bebí agua, ni comí ni dormí durante tres días, cuando llegué a Lisboa, me puse mala con fiebre y empecé a delirar, así que con todo el dolor de mi corazón perdí un día de viaje entre duchas de agua fría. 


Lisboa fue increíble. Compartíamos habitación con una coreana que le encantaba la música española (esto fue muy random pero teníamos tema de conversación) y con un abuelito estadounidense que se jubiló y decidió viajar por el mundo. Yo seguía mala y enfadada con la vida, pero un día en el pasillo, me encontré con una brasileña (que luego compartiría habitación con nosotros) que era médico. ¡MÉDICO!. Me dio la "droga" necesaria para que me pusiese buena y al día siguiente salimos de fiesta juntas. El caso es que Lisboa es maravillosa, tal vez no me gustó tanto como yo pensaba, pero es que los lisboetas cambiaron mi vida. No hay persona más simpática, amable, hospitalaria y amorosa que un portugués. Yo me puse mala y todo el mundo quiso ayudar, el día que por fin bajé a la recepción del hostal (la recepción del hostal es un bar) me dieron cerveza gratis para animarme hahahaha. Y además, nos fuimos a un pueblo fuera de Lisboa, que creo que ha sido el sitio más bonito al que he ido en toda mi vida, parecía un pueblo sacado de un cuentos de hadas. 

    

Y por cierto, la cantidad de gente que conocí viajaba sola. No se si es cosa de españoles tener este prejuicio y ese miedo a hacer las cosas por nosotros mismos. Pero conocí a una colombiana (cuyo apellido era Escobar y tuvimos debate para rato), que decidió dimitir y viajar por el mundo (ahora mismo está en Venecia), una inglesa que comenzaba su recorrido por Europa desde Lisboa y mi amiga la brasileña, que el sueño de su vida era ir a Barcelona y decidió ir sola porque nadie quería viajar tan lejos. 

En definitiva, creo que se me han quitado varios prejuicios, viajar es maravilloso, volver a encontrarte con tus amigos es mejor aún y conocer a gente nueva, que sabes que están recorriéndose el mundo y que has dejado una o varias anécdotas que contarán a la vuelta en sus hogares, me hace sonreír.